viernes, 30 de septiembre de 2011

El reflejo


Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.
-¡Oh! -les respondió el río- aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso: yo lo amaba.
-¡Oh! -prosiguieron las flores de los campos- ¿cómo no ibas a amar a Narciso? Era hermoso.
-¿Era hermoso? -preguntó el río.
-¿Y quién mejor que tú para saberlo? -dijeron las flores-. Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su belleza...
-Si yo lo amaba -respondió el río- es porque, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.
Oscar Wilde



Cuando por fin cerró el libro de cuentos de Oscar Wilde que había repetido más de 20 veces, Eva se contempló en el espejo y quedó satisfecha con su imagen. Giró a la derecha y a la izquierda buscando imperfecciones en el arte ancestral de la pintura del rostro. Se sacudió la ropa, se alisó el pelo, se guiñó un ojo a sí misma y quedó enamorada de su gracia femenina. Al otro lado del espejo, su reflejo siguió sus movimientos con aire aburrido y contrariado, mientras repetía para sus adentros "Cuando sea libre, nunca más  me miraré al espejo".

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